críticas de discos

LA M.O.D.A ninguna ola

LA M.O.D.A

Ninguna Ola

por Marta Pérez y Ángel Muñoz

Desde el pasado 11 diciembre 2020 podemos disfrutar de ‘La vuelta’, el primero de los 10 temas del nuevo disco de La M.O.D.A. Trabajo “inspirado en el cambio, donde las canciones surgen de lo vivido en diferentes lugares y circunstancias tanto personales, de la sociedad como del medio que nos rodea”, tal y como ellos mismos lo definen. El disco comienza de forma pausada, melancólica, íntima con “93compases”. El segundo tema, “La vuelta”, sigue con esta línea intimista. Su videoclip es una presentación muy adecuada para este disco y para la época que nos toca vivir, en la que a todos nos ha dado tiempo a pararnos y a ser más introspectivos. En “Un bombo”, a pesar de que la caja empieza con más fuerza, termina siguiendo la línea de los temas anteriores; evocando una historia de anhelos, de recuerdos, a la vez que evoca momentos que no volverán. La siguiente canción, “Conduciendo y llorando”, es una metáfora sobre la realidad actual en la que reflexionan sobre la sociedad en la que vivimos y meditan sobre las sombras que hay en ella a ritmo de rap. Nos encanta su declaración de admiración “a los tallos que no se doblaron al viento, Imposible culpar a los que no tuvieron remedio Todo sucede tan rápido en este momento Llevo tu sonrisa muy dentro cosida”. “Regresso À Vida” nos toca la fibra sensible desde el principio, momento en que empieza a cantarse a las despedidas, a las diferencias de clase y a los que estuvieron antes de nosotros. Es especialmente emocionante la referencia a la pureza y el rechazo cantado a los artificios que muchas veces dirigen nuestras vidas. A continuación, “Barcos hundiéndose” canta a las vidas difuminadas que se van hundiendo. “Banderas sin color” es otro trozo de poesía, que evoca Burgos, el pasado, los veranos y las navidades pasadas y la felicidad que conllevaban, recordando los momentos cruciales ya pasados. “Semifinales” es otro tema personal, que nos traslada al suburbio francés con más dosis de melancolía. “Memoria” nos traslada al amanecer, a nuestros miedos y a las juventudes perdidas, con un mensaje claro: quiérete más cada vez, mientras que nos recuerda que aún no es tarde. El décimo tema, que cierra el disco, es “Colectivo nostalgia”, empieza con toda una declaración de intenciones: “Solo, creo que lo he perdido todo. La vida es suficientemente contundente Como para andar llorando por ahí”. Esta canción es especialmente dura y cruenta, y más en los tiempos que corren, en los que la sensación de haberlo perdido todo está tan en boga. Los más de cuatro minutos de duración de la canción llegan a lo más profundo de nuestro ser y nos hacen conectar más que nunca con el grupo. Y es que, este disco nos llega, nos toca y en ocasiones nos rompe. La M.O.D.A. cambian, crecen, y nos sigue llenando como siempre, con su potencia y ese sentimiento suyo tan característico.

MARÍA LAÍN. B-Side

MARÍA LAÍN

B-Side

por Samu Envenenadub

Nunca es tarde si la dicha es buena. En este mismo año en el que se ha estrenado, ha sido el mismo en el que he descubierto a esta gran artistaza: María Laín. Y es que a principios de año nacía su tercer retoño discográfico, del que os vengo a hablar en esta nueva review gazpachera, “B-Side”. Tras “Asymmetry” y “More or less”, María, una vez más, avanza por ese camino fuera de lo convencional, con esa actitud enérgica en las letras y la sonoridad de cada canción. Un disco que ha de escucharse con tranquilidad, con detenimiento, con toda la atención del mundo para disfrutar de cada matiz impregnado en cada segundo de este trabajo. El álbum se grabó entre 2018 y 2019 en los Estudios Villamanuela por David Baldo, y consta de diez cortes en los que María Laín sitúa su música en el panorama reivindicando lo que hacemos en las sombras, y visibiliza su proyecto musical. Viajes en los que podemos ser llevados a momentos trepidantes y soñadores, momentos melancólicos y divertidos, momentos caóticos y eclécticos. En este disco hay momentos que nos llevan al grunge más noventero, con esas guitarras tan punzantes como “Whatsapp Audio” que incluso se mezclan con el ritmo electrónico tan propio de primera mitad de 2000 en “B-Side”, creaciones pop de corte soft con estribillos que explosionan como “Marcian” o incluso momentos meláncolicos con baladones como “Focus”. Creaciones que pueden venir inspiradas por sonidos firmados por Portishead, Eels o Garbage, se mezclan de forma ecléctica en estas diez canciones, lo que hacen un disco más que ameno, un disco tan completo que hace que cada escucha se haga más interesante. Además, se incluye por primera vez una canción en castellano, esa balada suicida llamada “Corazón Destroyer” que cuenta con el cameo de Luis Basilio (Los Nastys). Un disco que suena a actitud, a sonido fresco, a creación personal, a estilo propio, seña de identidad, que hace esta de esta propuesta algo a tener muy en cuenta, a estar ante una gran artista de futuro. Sus canciones tienen un gran magnetismo y ella es puro rock and roll. No la perdáis la pista. En serio.

LOS MANISES. Aristrocracia y underground

LOS MANISES

Aristrocracia y Underground

por Francisco Serrano

Desde hace unos días un nuevo ritmo agita el indie español, se trata del ritmo de la vibrante y original propuesta de Los Manises, que acaban de publicar su primer EP, Aristocracia y Underground, compuesto por cinco canciones, bajo el paraguas del sello Montgrí (Cala Vento). Letras costumbristas, actitud punk, adornos tribales y compases bailables, de los que te hacen agitar la cabeza y mover los brazos en la silla desde la que se ven los conciertos en la nueva normalidad, son los ingredientes principales de la receta con la que Los Manises se desmarcan de los sonidos de pop facilón y reggaetón que priman entre los últimos lanzamientos. Armados de guitarra, bajo y parapetados en sonidos pregrabados y loops los ilicitanos consiguen crear una atmósfera que te transportará a la época dorada del worldbeat. Te encantarán si te gustan bandas como los suecos Goat. Grabado y mezclado por Juan Ballester en Delta Estudio (Bigastro) en febrero y noviembre de 2019. Masterizado por Martín Ballesta en Last Punch Mastering (Glasgow) entre diciembre de 2019 y enero 2020. Artwork por Realmente Bravo (estudio de C. Tangana, Carolina Durante, etc., del que uno de los miembros de Los Manises es socio fundador).

LA PEGATINA. Darle la vuelta

LA PEGATINA

Darle la Vuelta

por Ángel Muñoz

Hace aproximadamente dos años que, “Ahora o nunca” (octavo trabajo de La Pegatina) salía al público para, en poco tiempo, copar los primeros puestos de las principales listas musicales. El álbum supuso una revolución de la figura artística a la que nos tenían acostumbrados. La fiesta seguía ahí, pero en esta ocasión acompañada por temas de carácter más existencial y, en cierto modo, crítico con algunos aspectos de la sociedad actual. También se separaban de la línea de ska y rumba a la que nos tenían acostumbrados para descubrir nuevos sonidos hasta ahora no tocados por la joven banda, suponiendo una apertura musical que les llevó más allá de cualquier expectativa. Tal y como definimos en esta revista, la verbena de pueblo se hacía mayor profundizando en sus letras y en la complejidad de melodías. Hoy podemos afirmar, sin lugar a duda, que dicho trabajo solo ha supuesto un paréntesis en la trayectoria musical de la rumba catalana, pues en “Darle la Vuelta”, la banda le vuelve a “dar la vuelta a la tortilla” para retornar a sus orígenes, a la fiesta, recuperando los ritmos perdidos y alejándose de la crítica social que denotaba en el trabajo anterior. Recuperar los ritmos perdidos no significa un más de lo mismo, todo lo contrario. Los más de 15 años de experiencia de los catalanes sobre el escenario han dado lugar a un noveno trabajo que rezuma frescura, modernidad, vitalidad y mucho trabajo. La rumba vuelve a primera línea de la mano de “Como se hacen las flores”, primer adelanto del disco; y los ritmos latinos con tintes pop hacen presencia por primera, y no última vez, en el tema que da nombre al disco “Darle la vuelta”, oda dirigida a escenificar el vivir cada día como si fuera el último. Si algo no ha cambiado a lo largo de todos estos años son las muchas colaboraciones que presenta el grupo en cada uno de sus nuevos trabajos; a destacar la balada “Te veré cuando yo quiera” junto con El Kanka, sin duda alguna uno de los principales del disco; la fusión de estilos intrínseca de “Dejarse la piel” en colaboración con el dueto Arnau Griso; o los ritmos latinos y juegos de palabras tan ligados al puertorriqueño PJ Sin Suela en “Veo lo que hay”. Especial mención se merecen las colaboraciones de Delaporte y Travis Birds al disco. El toque femenino viste muy bien con los catalanes, nunca me cansaré de decirlo. Con la primera se sacan un tema de la manga al mas puro estilo de “Alosque”. Si dicha canción se ha hecho un imprescindible de los conciertos de La Pegatina y una de las más alabadas, está claro que este “Amores” conseguirá un éxito comparable a la misma. La ferocidad y la fuerza de la madrileña impregna “Siempre te pedí”, algo “parecido a un country cabaretero” que da lugar a uno de los temas más potentes, cantables y bailables del disco. El escenario que La Pegatina pone ante nosotros en este su séptimo disco de estudio, está concebido para volver a los orígenes de la banda, pero aterrizando la experiencia recogida durante todos estos años, materializando así el trabajo, el conocimiento y los ritmos coleccionados en un trabajo cuya buena acogida entre sus seguidores, y los no tan apegados, está más que garantizada.

EL COLUMPIO ASESINO ataque celeste

EL COLUMPIO ASESINO

Ataque celeste

Fran González

A finales de 2019, la banda navarra sacaba a la luz los que serían los dos primeros adelantos de su sexto trabajo de estudio, lanzado, poco después, a principios del año siguiente. Para aquellos que flirteamos con la crudeza del sonido de El Columpio, éstos nos sorprendían con “Huir” y “Preparada”, dos bailongos cortes a golpe de deliciosos sintetizadores y un marcado protagonismo del bajo. Un juguetón toque funk, por un lado, y ritmo electropop, por otro, hacen que ambos temas vayan ganando a medida que realizamos una y otra escucha. Pero nada más lejos de la realidad. Ese turbulento trayecto al que nos tienen acostumbrados se mantiene en el resto del álbum, topándonos de bruces con la áspera y perturbadora “Lechuzas, Cúters y Somníferos” en voz de Álbaro Arizaleta o los aprensivos textos de “Sirenas de medianoche”, rescatando de esta manera esa cadencia kraut de anteriores discos de la banda. Un panorama igualmente abatido e inquietante se presenta en “Mi General”, canción que poco a poco conseguirá atraparte en sus redes. La idea de ruptura, parece ser que lleva tiempo sobrevolado territorio norteño y, temas como “Siempre estás tú”, entre otros, quedan atestados de analogías y símiles. De la mano del Oso Polita, El Columpio Asesino ha vuelto con “Ataque Celeste”, un gran trabajo donde lo electrónico adquiere cada vez más protagonismo, sin perder nunca la esencia de su estilo de antaño, haciendo pasar todo este brebaje por el tamiz de la experiencia y el buen gusto.

PEARL JAM_gigaton

PEARL JAM

Gigaton

Carlos Lorente

La portada del disco “Gigaton” es ya toda una declaración de intenciones. Un macizo y gélido acantilado Noruego del que brotan lágrimas de su deshielo. Un ave que sobrevuela el mar y observa impávida el desastroso espectáculo. Un cielo empozoñado y las letras Pearl Jam dibujadas en unas líneas de cardiograma alertan de la urgencia de unas medidas que a día de hoy siguen siendo insuficientes en cuanto a cambio climático se refiere. El disco se inicia con potencia y contundencia. Calor y energía que contribuyen al deshielo. “Who Ever Said” es un cántico de calor y energía que contribuyen al deshielo. “Superblood Wolfmoon” sigue en la misma línea con un ritmo que te hace mover la cabeza en sintonía sin apenas darte cuenta. De forma similar a como hiciera Foo Fighters con “Sky is a neighborhood”, Pear Jam lanzó una aplicación para escuchar en primicia esta canción. La condición era apuntar con tu móvil a la luna. Una gran idea para unir lo natural con la magia de la música. Pasamos a “Dance of the Clairvoyants”, primer single con el que hubo cierto revuelo. Quizás un sector de sus seguidores temían encontrarse con un giro de 180 grados como el que supuso “No Code” o la decepción de “Lighting Bolt”. Una sequía de siete años mantenía a los fans temorosos a la vez que expectantes. El tema, personalmente, me resulta fascinante. El ritmo que imprimen los sintetizadores y el bajo es estimulante y pegadizo. Eddie Veder cambia la tonalidad para cantar con rabia “Guarda tus predicciones y quema tus suposiciones”, “Ningún hombre puede ser más grande que el Sol”; reivindicaciones que son de agradecer en un grupo de rock que podría encontrar la aceptación fácil en la llamada al desorden. Los golpes de guitarra cuando parece que el tema ha terminado son espectaculares. Como colofón, el videoclip cuenta con unas imágenes que son dignas de ver en alta calidad, mostrando la conexión de lo microscópico a lo macroscópico, desde una célula a la inmensidad del espacio profundo; el inicio de la vida vegetal y la desertización; lo fundamental que resultan en nuestras vidas unos seres tan básicos como las abejas y la necesidad del trabajo grupal. Subiendo el tono guitarrero y manteniendo la sintonía de crítica a la pasividad y neganicionismo de la administración de Trump, escuchamos en “Quick Escape” cómo hay que iniciar un largo viaje para encontrar un lugar que Trump no haya jodido aún. La canción cuenta con un estribillo pegadizo, un bajo excelente y unos solos de guitarra que quedan grabados a fuego en la memoria. A partir de este punto “Gigaton” va pasando del calor extremo a una temperatura más moderada. En “Alright” la balada se desenvuelve como si tuviéramos el tic tac de un reloj de fondo y el látido de un corazón. La cuenta atrás está en marcha y cada vez nos acercamos más a un punto sin retorno. Se siguen haciendo referencias a la naturaleza: los anillos de un árbol; el vuelo de una abeja. En “Seven O´Clock” seguimos con un clima suave y la subida de pulsaciones que hemos tenido de inicio se estabilizan. Las reivindicaciones no cesan y se compara la figura de Crazy Horse, como jefe indio Sioux que lucha por su tribu y una reserva natural, con un Presidente que consulta sus problemas a un espejo mágico. “Never Destination” supone una remontada de vuelo, resultando un corte muy similar a “Superblood Wolfmoon” sin resultar tan pegadiza. “Take the Long Way” sube algo más el nivel y se nota la mano de Matt Cameron en un sonido que evoca a Soundgarden. Y llegamos a la ola de frío también propia del cambio climático (aunque queramos llevarle la contraria a Trump). Mientras escuchamos “Buckle Up” parece que estamos esperando un estallido sorpresa en cualquier momento, pero este corte se queda en la misma cadencia con la que se inicia. “Comes Then Goes” baja más el ritmo si cabe al tratarse de un tema con guitarra acústica y voz al estilo de Neil Young. La letra pudiera estar basada en la memoria de Chris Cornell. Seguimos con otra balada, “Retrograde”, en la cual se denuncia cómo lo retrógrado nos envuelve y cómo echamos la mirada a un lado ante el aumento del nivel del mar año tras año. Por si no hubiéramos cogido la indirecta, en el videoclip una Greta Thunberg vaticina el desastre viendo las ciudades anegadas en su bola de cristal. “River Cross” cierra el albúm como un lamento, con un órgano de corte funerario. Este tema fue el elegido por Eddie Veder para ser interpretado en el “One World: Together at home”, acto para agradecer a los héroes y heroínas su labor en la lucha contra el COVID-19 y llevar la música a casa en época de confinamiento. “Gigaton” se cierra sin ser lo innovador que vaticinaba “Dance of the Clairvoyants” o la mezcla de la experimentación y la potencia de los temas más emblemáticos de los de Seattle que representa “Quick Escape”. Quizás una disposición de los temas en otro orden, sin poner toda la carne en el asador en el inicio del albúm, no hubiera dejado este trabajo como un disco aceptable.

_JUNO_bcn626

_JUNO

_BCN626

Fernando Tello

La incógnita se desveló y _Juno ya tiene caras. Lo demás ha sido a la vieja usanza. O quizás el futuro es esto. Disco presentado entero. De una tacada tenemos 10 canciones para disfrutar. Sin singles cada semana, sin desvelar medio LP antes del total. El trabajo de misterio ha sido tal que han mantenido el interés sin haber escuchado ni una sola nota. El punto de partida ha sido perfecto. Y ahora toca analizar lo que Zahara Gordillo y Martí Perarnau nos quieren enseñar. Aquí solo suena _Juno. Esto no es Zahara con Mucho y tampoco es Mucho con Zahara. Es una nueva banda con el cincuenta por ciento de cada uno. Una vez canta ella y otra canta él. Los teclados son de ella y los sintes de él o al revés, aquí todo va a la mitad y eso hace que el proyecto se diferencie de lo de antes. Pero todo tiene un punto de partida y aquí es donde aparece Sufjan Stevens, que retumba en varios temas e incluso Billie Eilish, Caribou o Pink Floyd. Además tienen esa mística de Gorillaz en todo lo alto, y mucho más con la presentación de su primer video. Lo que está muy claro, leyendo sus letras, es que dan el salto a presentarnos unos temas íntimos, exageradamente íntimos, diría yo, y sin tapujos. Hablan de lo que les apetece y les sale así. El disco cabalga con un comienzo fulgurante, lleno de energía, con transmisión entre el músico y el espectador de alto grado, y una parte final mucho más errática, mas abstracta y, a veces, aburrida y seca. El aspecto visual es otro punto fuerte y nos recuerda a esos espacios creados por Zhanna Kadyrova, donde sus vestidos elaborados con azulejos cerámicos se confunden con unos fondos perfectos en su imperfección y que a su vez transmiten continuidad. Eso es lo que _Juno nos quieren mostrar, una continuidad de todo, sin cortes, con su base electrónica cambiante pero sin que tú te des cuenta. Y quizás de esa virtud, venga el mayor error, esa continuidad que no termina de enganchar. Eso sí, con aplausos, los que deben recibir, por la sencilla razón de romper moldes, los del acomodamiento de una escena indie, que cada vez es menos independiente y que con este proyecto han revuelto Zahara y Martí, Martí y Zahara. Monta tanto, tanto monta. Esperemos que todo no quede en un huevo batido, de los que se oyen al final, y que si se dejan de batir vuelven a bajar la ilusión de una nueva banda y, sobre todo, de un nuevo sonido en esta órbita tan reducida.

TAYLOR SWIFT. Folklore

TAYLOR SWIFT

Folklore

por Teresa Gómez

El octavo disco de Taylor Swift, “Folklore” (2020, Republic Records) , ha pillado por sorpresa al fanfare de la cantante, abonado a campañas masivas, sponsors, teasers y acertijos en redes sociales para alimentar la expectación de sus lanzamientos. Ella misma lo anunciaba ayer en diferentes plataformas: “la mayoría de cosas que había planeado para este verano no han podido realizarse, pero hay algo que no había planeado y SÍ que se ha realizado”, en alusión a la composición de este álbum. “Folklore” nace sde este período de confinamiento mundial, con un claro tono instrospectivo y seguramente con la certeza de que no será un disco para ser girado. Rodeada de sus habituales en el sonido, Jack Antonoff y Laura Sisk, Swift deja a un lado a su productor y amigo Max Martin para apostar por tres miembros de The National, Bryan Devendorf y los hermanos Bryce and Aaron Dessner, co-produciendo y co-componiendo 11 de los 16 temas del disco con este último. ¿El resultado? Un álbum reflexivo, de arreglos sutiles, calmado, y lejos del pop comercial de anteriores trabajos, aunque con varios nexos de unión con su último álbum, Lover (2019, Republic Records), donde Swift ya dejaba de pisar el acelerador. Las letras mantienen sus referencias autobiográficas, marca de la casa, y siguen girando en torno a sus encuentros y desencuentros emocionales. Sin embargo, pareciera que, en vez de la Taylor explosiva e irracional que escribía sobre sus batallas con colegas del gremio—especialmente sonoras fueron las canciones que dedicó a Katie Perry y Kanye West—ahora cantara sobre las consecuencias de todo aquello, haciendo una reflexión madura y, también marca de la casa, riéndose bastante de ella misma. Especialmente reseñables son “Exile”, en colaboración con Bon Iver; “Peace”, una de sus mejores grabaciones a nivel vocal hasta la fecha y “August”, posiblemente el tema más “Taylor” del disco, que mantiene melodías y letras que resuenan a la primera Taylor de Nashville, pero con un sonido más minimalista y refinado.